martes, 19 de febrero de 2019

No puedo ser yo el único…


…que se mete a la regadera y se pone a hacer diálogos imaginarios con esa persona con la que tuve un altercado y que se merece que le callen la boca, pero que desde luego la respuesta perfecta te la encuentras justo en la regadera, tres horas después. No puedo ser el único que de repente, lavando platos o atrapado en el tráfico o recién levantado, encuentra la solución a todos los problemas del mundo ó el negocio ideal, se hace el firme propósito de crear una nueva escuela de pensamiento ó de registrar inmediatamente una empresa, y luego se olvida de todo el asunto al salir de casa, al encontrar una calle libre por dónde transitar o al meterse a la regadera y empezar a inventar respuestas perfectas contra enemigos. 

No puedo ser el único que a veces caminando por la calle ve a un viejo pordiosero, se mete la mano a la bolsa del pantalón para tocar algunas monedas; luego al acercarse piensa en los artículos que ha leído acerca de las redes de corrupción que los manejan, pasa de largo pero con el rabillo del ojo ve su rostro macerado, da unos pasos más, siente remordimiento y se maldice, ve alrededor y siente que todo mundo no ha hecho otra cosa que verlo mientras camina por la calle y pasa de largo frente a un pordiosero; para finalmente volver sobre sus pasos y darle las monedas que desde un principio quiso darle. Y tras todo esto se pone a meditar en qué diablos pasa, y en por qué las cosas que hacemos sin querer se alejan de lo que llamamos “verdad”, o “deber” o “ideal”. Y en quince minutos se vuelve a olvidar de todo esto mientras come fideos y maldice cuando se mancha la camisa, y no sabe lo afortunado que es.

Dicen que un día, el rey preguntó a Buda cuál era la Verdad. Buda hizo traer un elefante y seis ciegos, que recibieron la instrucción de tocar el elefante y describirlo. El que tocó las orejas lo describió como un ave enorme; el que tocó la trompa, describió al elefante como una gruesa serpiente; el que tocó las patas, como las columnas de un templo; el que tocó los colmillos, dijo que era como un par de sables hechos para un gigante; el que tocó la barriga, estaba convencido de que era como una ballena; y el que tocó la cola, persistía en describirlo como una soga que tenía vida propia. Buda se volvió al rey y dijo, “Tanto tú como yo podemos ver que nada de eso es un elefante. Esa es la Verdad.”

La verdad, como la vida, es dúctil. En cualquier rincón y en cualquier experiencia encontramos lo humano que somos y además encontramos que todos lo somos, hasta en las cosas más íntimas que creemos que sólo nosotros hacemos. Seguro no soy el único que hago esos diálogos imaginarios, esas respuestas devastadoras a gente que me cae mal; probablemente esa persona también está haciendo un diálogo imaginario en mi contra al estar abriendo el champú. ¿No es eso fascinante y estrafalario? Nada es despreciable para aprender. Aprender no es una actividad sino un estilo de vida.



VIDEO DEL DÍA

La Historia Interminable es una obra maestra de fantasía infantil/juvenil de Michael Ende. Cuando se llevó a la pantalla en los 80s, sólo se tomó la primera parte del libro, pero hicieron un trabajo bastante decente. Esta escena es la mejor de todas. Si nunca ha visto la película, lea el libro primero, y luego lea Momo, del mismo autor. No hay spoilers en este video, es simplemente una escena magnífica entre el héroe Atreyu y una tortuga que sin duda tiene uno de nombres mejor traducidos: Vetusta Morla (Morla, the Ancient One):


3 comentarios:

  1. No, no eres el único.
    La historia sin fin la leí en primaria, 400 y pico de hojas según me acuerdo.
    La película la disfruté, en ese tiempo los efectos especiales medio acartonados pero eso no lo sabíamos.

    Saludos desde Puebla.

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  2. Si. Yo creo todos tenemos algo de locura o de no se que. A lo mejor son los misterios de la extraña forma de ser, del humano.
    Recordé la pelicula Never Ending Story y retrocedi a mi infancia.
    Gracias.

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  3. No, no eres el único. Yo le comparto mis ideas a mi esposo y como arte de magia las destroza diciéndome el contra de ponerlas en marcha... Es un juego divertido.

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