lunes, 21 de julio de 2014

Perro Mundo




La historia del cine está cumpliendo 136 años. La gente se sorprende/lamenta de que hoy “las películas ya no las hacen como antes” o de que “es puro sexo y violencia” pero la verdad es que no hay nada nuevo bajo el sol. El primer filme se hizo en 1895, y el primer porno en 1896. En 1897 ya había teatro ‘gore’ en Francia con escenas de mutilaciones y horror en vivo, que de hecho era una continuación del teatro renacentista inglés (¡hasta Shakespeare tiene obras de ese tipo!), y para 1906 ya se había perfeccionado lo suficiente el arte de los efectos especiales, para poner ese tipo de escena en una película.

 
El Gran Guiñol, teatro del horror.


Así que veamos algo más de historia. Aunque normalmente se considera el primer ‘filme’ formal al corto “Saliendo de la Fábrica” (La Sortie des usines) de los hermanos Lumiére (1895):


 ya desde un par de décadas antes se estaba experimentando con técnicas más primitivas, y técnicamente el primer filme exitosamente fotografiado es del fotógrafo inglés con el rimbombante nombre de Eadweard Muybridge en 1878: el “Caballo de Carreras”.  


El cine evolucionó muy rápido, y para 1897 su primer gran genio, Georges Méliès, ya estaba construyendo su estudio y haciendo cosas fantásticas como esta:

 
Viaje a la Luna

Pero como decía, sexo y violencia son cosas humanas, y aunque Méliès realizó obras de arte absolutamente increíbles en su tiempo, introduciendo narrativa y efectos especiales al cine, al mismo tiempo Eugene Pirou, su compatriota, estaba haciendo la primera porno, Le Coucher de la Mariee (Hora de acostarse de la novia). Y para 1906, uno de los los primeros grandes directores, D. W. Griffith, estaba poniendo escenas de sangre desparramada en su película Intolerancia, que por cierto es considerada una obra maestra de su tiempo.




Otra cosa de la que la gente se queja es de las modas. Por ejemplo, de que la Bruja de Blair (1999) puso de moda el estilo mockumentary - o sea de falso documental - y desde entonces ha habido una larguísima cascada de películas de este tipo. Pero el italiano Ruggero Deodato estaba haciendo esto a fines de los 70s, con su famosa película Holocausto Caníbal (1980) en donde se supone que vemos las grabaciones perdidas de un grupo de documentaristas que van al Amazonas y encuentran tribus caníbales, que finalmente los matan y se los comen. Deodato de hecho se metió en problemas con esa obra, acusado de obscenidad en Italia y por poco también de hacer snuff, porque las escenas son tan realistas (aún para estándares modernos) que varias autoridades se fueron con la finta de que se estaban presenciando muertes reales.



Esta es una de las escenas menos perturbadoras de la película.


Y aún Deodato no estaba haciendo nada nuevo. Las películas del género Exploitation se han hecho desde los 20s, pero se popularizaron muchísimo en los 60s y 70s con el relajamiento de las leyes de censura en EUA y Europa, por lo que muchos cineastas - especialmente estadounidenses e italianos - se dedicaron a este género con singular alegría, creando incluso subgéneros como el Blaxploitation y el Torture Porn original, aunque hay literalmente docenas de géneros.

Esta es de 1932, le dejo al lector para que la busque.


Pero otra cosa curiosa que se hizo a partir de los 60s fue el género Mondo, que se inauguró precisamente con la película Perro Mundo (Mondo Cane) cuyo poster está al principio del post. Esta película era una especie de documental chusco, formado de viñetas independientes e inspirado mitad por cosas como Aunque Usted No Lo Crea, y mitad por los ‘travelogues’ o diarios de viaje.  El resultado fue un prototipo de los programas especializados que hoy vemos en Discovery Channel, pero en aquel entonces este género era exploratorio y tenía mucho de humor.

Cierro aquí con una viñeta de Perro Mundo 2 (1963), con una forma poco usual de hacer música:



 Ouch.



sábado, 19 de julio de 2014

Las Abejas no Deberían Volar, ¡es un Milagro!




La referencia es más o menos así, con sus variaciones:

“De acuerdo a las leyes de la aerodinámica, la abeja no debería de poder volar. Pero nadie le dijo esto a la abeja, y ella va volando como si nada.”

Es una frase muy repetida por motivadores, y se le atribuye en el internet - este monstruo medio genio y medio imbécil que tenemos - a Mary Kay, que aparte de saber hacerse millonaria con promesas de hacerte millonario, y ser una autoridad incuestionable en cómo evitar que se roben tu carro, supongo que también es experta en aerodinámica.

Ningún ladrón se atrevería

Ahora bien, pasando a la frase. Es, por supuesto, una leyenda urbana más. Las abejas no violan ninguna ley de aerodinámica. Se supone que la historia original salió de una reunión de ingenieros aeroespaciales que por alguna razón se pusieron a hablar del vuelo de las abejas. Uno de ellos sacó papel y lápiz y se puso a hacer unos cálculos, pero no salieron correctamente. Y entonces dijeron que  “es imposible que las abejas vuelen.”

El nivel de idiotez en esa historia es muy elevado, pero desafortunadamente para alguien que no tenga algo de formación ingenieril, no es aparente de entrada. Vamos a ver por partes. Primero, aquí está el ala de un avión:



Y ahora, aquí está el movimiento de las alas de una abeja:


Hay dos cosas que podemos notar inmediatamente: primero, el ala de un avión es casi completamente rígida y durante todo el vuelo no se mueve más que unos pocos grados, y sólo en las puntas. Segundo, el ala de un avión es, digamos, un poco más grande que el ala de una abeja. Ahora veamos un video de aerodinámica. Así es como se mueve el aire alrededor del ala de un avión:


El aire no hace movimientos demasiado complejos, como podemos ver. Pero para calcular ese movimiento y poder realizar los diseños de las alas, se usan ecuaciones como estas:


Y gráficas como esta:
 
NASA

Ahora, imagínese el lector si esas ecuaciones se tuvieran que aplicar, en vez de a un pedazo de metal rígido y fácilmente medible, a unas alas diminutas en las que no se pueden colocar sensores, que se mueven cientos de veces por segundo en todas direcciones. Bueno, mejor ni se lo imagine, porque es fantásticamente complicado.

“Complicado”, sin embargo, no es sinónimo de “Milagroso”,  o por lo menos no en la mayoría de los diccionarios. Quizá sí en el de doña Mary y en el de otros entusiastas del pensamiento mágico.

Por ejemplo, hay ecuaciones de movimiento de fluídos que se aplican en los turbocompresores de diesel, que simplemente no se pueden modelar aún, porque son increíblemente complejas. Pero ningún ingeniero dice que los turbocompresores funcionan por obra y gracia del Espíritu Santo.  ¿Cuándo hemos visto un anuncio de Toyota que diga: “Nuestros motores son los mejores, porque desafían las leyes de la física. Pero nadie les dijo eso, y simplemente creen en sí mismos”?

En todo caso, las abejas deberían motivarnos a estudiarlas más para ver si un día podemos entender la complejidad de sus movimientos. Igual con alguna fibra de nanotubos de carbono y motores super-eficientes, podemos hacer esto realidad:


Marvel

¡Vale la pena!

 


miércoles, 16 de julio de 2014

El Reloj de mi Abuelo




No soy un fulano con la lágrima fácil, como diría Joaquín Sabina. No lloré cuando se murió Mufasa, aunque tengo que admitir que sí se me humedecieron discretamente los ojos cuando vi el final de Lennie en Of Mice And Men (1992). Es brutalmente triste. 

Hay expresiones artísticas que muchas veces pueden llevar las lágrimas a los ojos, pero no por la tristeza de la historia sino por la identificación o la sublimación de la emoción expresada, que tocan una cuerda. Así puedo citar en mi caso la perfección de los poemas de Sor Juana, la Fantasía Coral de Beethoven, o la nobleza del pensamiento de Marco Aurelio

Ó El Reloj de Mi Abuelo.

El Reloj de Mi Abuelo les gana a todas esas otras cosas que mencioné, y por mucho. Es un poema escrito en 1876 por Henry C. Work, y que desde entonces fue musicalizado y cantado. No puedo de ninguna manera escucharlo - ni siquiera leerlo - sin un nudo tremendo en la garganta y atraer grandes cantidades de polvo a mis ojos. La letra original se puede leer aquí, y aquí hay una muy hermosa interpretación cantada. 

Aquí está mi traducción que acabo de hacer al español y si me lo permiten, tengo que secar el teclado de mi computadora…


El reloj de mi abuelo era demasiado grande para un estante,
y por noventa años estuvo de pie en el suelo;
era incluso más alto que su viejo dueño,
aunque no pesaba mucho más que él.
Lo compraron aquella mañana en la que nació,
y siempre fue su tesoro y su orgullo. 

Noventa años sin descansar; tic-toc, tic-toc;
Los segundos iban contando su vida; tic-toc, tic-toc.

Y se detuvo, para nunca volver a andar, el día que el viejo murió.

De niño, pasó muchas horas viendo el ir y venir del péndulo;
y en la infancia y madurez, el reloj parecía entender,
y compartir sus penas y sus regocijos.
Dio veinticuatro campanadas el día en que mi abuelo
pasó por la puerta con una novia hermosa y radiante.

Pero se detuvo, para nunca volver a andar, cuando el viejo murió.

Mi abuelo decía que de todos a quienes empleó nunca encontró sirviente más fiel;
pues nunca se atrasó y su único deseo
era ser encordado de nuevo al final de la semana.
Siempre estuvo en su lugar, sin una mueca en su cara
y sus manecillas nunca estuvieron ociosas. 

Pero se detuvo, para nunca volver a andar, cuando el viejo murió.

Una alarma sonó en mitad de la noche,
una alarma que por años había callado;
y supimos que su espíritu estaba por alzar el vuelo,
que su hora de partir había llegado.
El reloj siguió andando, con un repicar suave y apagado,
y en silencio esperamos a su lado. 

Y se detuvo, para nunca volver a andar, cuando el viejo murió.