miércoles, 5 de junio de 2013

Palabras ante la muerte



¿Alguna vez nos hemos preguntado cuáles serían nuestras “famosas últimas palabras” en caso de estar ante el escuadrón de fusilamiento o ante otro tipo de muerte inminente, pero que aún nos diera oportunidad de un último gesto? Se ha dicho que “no se puede juzgar por completo la vida de un hombre, hasta ver el momento de su muerte”, y siendo este tema uno de los más antiguos que ha ponderado el hombre, aquí hay cinco estampas - reales e imaginadas - de qué hacer con ese último aliento:

¿RENUNCIAS?



Voltaire (1694-1778), el famoso escritor francés de la época de la Ilustración Francesa, era un crítico agudo de la sociedad de su tiempo y del hombre en general. En obras como Cándido y Zadig disecta y satiriza con fineza los prejuicios de la época, incluyendo la política, la religión, la filosofía del optimismo y en general todo tipo de ortodoxia que obstaculice y aprisione el juicio libre del individuo.

Fue un tolerante de todas las religiones y defensor de la libertad de expresión, y por supuesto, se granjeó la crítica de las buenas conciencias de su tiempo, en especial de la Iglesia Católica, que lo veía como a un hereje.

A los 83 años estaba ya muy enfermo y escribió, “Muero amando a Dios y a mis amigos; sin odiar a mis enemigos pero sí a la superstición”. Cuenta la historia que ya en su lecho de muerte, un sacerdote llegó a su lado y se puso a conminarlo a que ‘renunciara a Satanás’, pero Voltaire respondió de buen grado, “¡Ah, estos no son momentos de andar haciéndose nuevos enemigos!”


MÁS PESO
Via Wikipedia

Giles Corey vivió en una época difícil, en un mal lugar: Salem, durante las famosas ‘Cacerías de Brujas’.  Corey era granjero, dueño de sus propias tierras, sin mucho de particular. En 1692, a la edad de 71 años, fue acusado de brujería y de estar en liga con el demonio. En aquel entonces, la regla era que si el acusado no hacía declaración (no se declaraba ni culpable ni inocente) el juicio no podía proceder, de modo que Corey, sabiendo que de ninguna manera tendría un juicio justo, se negó a declarar.

Para quienes hacían esto, se aplicaba el proceso de ‘compactamiento’: el prisionero era puesto en el suelo con tablones de madera sobre el cuerpo, y se iban poniendo rocas muy pesadas sobre él hasta forzarlo a que declarara. Durante dos días enteros Corey soportó la infame tortura, y cada vez que ponían más piedras sobre él y volvían a preguntarle, seguía respondiendo, desafiante: “Pongan más peso”.

Fueron sus últimas palabras.


CON UNA SONRISA

Via BigPondMusic

Magnum fue un grupo de rock de los 80s. En su disco de 1985, On a Storyteller’s Night, aparece una de sus mejores canciones, Les Morts Dansant (Los muertos danzantes) en la que relatan la historia de un soldado que es sentenciado a ser fusilado por desertor. En la estrofa donde está a punto de morir, describe la escena de esta forma:

  By the wall in a silouette standing
  Through a flash of sudden light
  Cigarette from his mouth just hanging
  Paper square to his heart pinned tight

  Gather round reluctant marksmen
  One of them to take his life
  With a smile he gives them pardon
  Leaves the dark and takes the light

En la pared de pie una silueta.
Una luz repentina
deja ver el cigarrillo pendiente de su boca 
y el cuadro de papel pegado a su corazón.

Reúnanse, reacios tiradores;
uno de ustedes acabará con su vida.
Él, con una sonrisa les da su perdón,
dejándolos a oscuras y llevándose la luz.



CUESTIÓN DE HONOR


Otra situación - también literaria - ante un pelotón de fusilamiento, es mostrada en el capítulo Yellow, de la serie Tales from the Crypt (1991). Este capítulo está basado en un cuento corto del escritor William M. Gaines, y muestra al actor Kirk Douglas como un recio general en plena guerra, que sin embargo no está contento con la actitud de su hijo.

*** SPOILERS***
Voy a relatar aquí el capítulo completo, pero sugiero que el lector mejor lo vea.

El hijo intenta desertar y es atrapado, recibiendo un juicio sumario y sentenciado al fusilamiento, con lo que el general se muestra de acuerdo, ante la incredulidad y el dolor de su hijo.

La noche anterior a ser fusilado, el general visita a su hijo en el calabozo; éste sabe que los otros soldados y su mismo padre desprecian su cobardía, está desesperado y le recrimina a su padre que él nunca quiso ser soldado. El general se acerca a él y lo calma, diciéndole que a la mañana siguiente, se asegurará de poner salvas en los fusiles de los tiradores, y una mochila con provisiones en el pozo a donde caerá, para que por la noche pueda tomarlo y huir. El hijo cambia su actitud y asiente.

A la mañana siguiente, el hijo sale con la frente en alto ante el pelotón de fusilamiento y todos sus camaradas. Al ofrecérsele dar sus últimas palabras, da un discurso de tal valentía que quienes lo oyen no pueden sino conmoverse y quedarse atónitos ante su coraje. El viejo general se ve orgulloso. 

Finalmente, el pelotón se prepara y en el último instante, el hijo ve la cara seria de su padre y de repente entiende: las balas serán reales. Apenas tiene tiempo de sorprenderse cuando ya se oyen los disparos y cae muerto. Los soldados se acercan al general a presentarle sus respetos y a decirle que su hijo, a quien cosideraban indigno, había muerto como todo un héroe.


UNAS PALABRAS AL OÍDO
Finalmente, un cuento chino. Dice la leyenda que un viejo cocinero incurrió en la ira de un corrupto oficial local y por una transgresión menor fue condenado a muerte.

El día de su ejecución, había mucha gente reunida en la plaza para ver al pobre viejo despedirse del mundo. Entre la multitud estaba su hijo, que a empujones pudo llegar a la primera fila para ver a su padre.

Cuando el oficial a cargo de la ejecución preguntó al viejo si tenía alguna última petición, este pidió que le dejaran hablar unos momentos con su hijo, lo que le fue concedido. El joven se acercó a su padre y este le empezó a susurrar al oído. El hijo puso mucha atencón y asintió varias veces con la cabeza, como tratando de guardar bien cada palabra que oía.

Al final, el viejo acabó de hablar y ambos se despidieron. 

Tras la ejecución, algunos amigos del joven se acercaron a él y con curiosidad le preguntaron que cuáles habían sido las últimas palabras del anciano. El joven contestó:

“Me explicó con detalle su receta secreta, para cocinar tofu con sabor a tocino”.

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