lunes, 17 de junio de 2013

Érase una vez el Fin del Mundo



Via Mirror (UK)


Y fue predicho con claridad y exactitud: el cómo y el porqué del estallido del sol y de los portentos que vendrían delante, y fue conocido de todos.

Al faltar un mes para el fin, muchos hombres y mujeres se reunieron, hicieron un ritual arcano que fue admirado de todos, y se dirigieron desnudos a las Montañas de la Esperanza, a hacer sacrificios en la misma medida piadosos y espantables. Y con sus actos quisieron salvar a todos sus hermanos en ese día postrero, para que todos ascendieran juntos y fueran salvos de la destrucción.

Pero el Fin del Mundo nunca vino, y cuando el mundo despertó al siguiente día, aquellos héroes pasaron a ser recordados como dementes.


*

Al faltar una semana para el fin, muchos declararon su amor eterno a la persona que estaba más cerca de ellos, y se refugiaron de su temor cambiándolo por pasión sin coto.

Pero el Fin del Mundo nunca vino, y una semana después un quinto de todos los corazones estaban rotos.

Un quinto de los corazones arrastraban una vergüenza de la que no podían librarse.
Un quinto de los corazones había encontrado la felicidad, y un quinto de los corazones había descubrierto que en efecto podían latir.
Y un quinto de los corazones siguió igual que antes.


*

Al faltar un día para el fin, muchos que se habían restringido se olvidaron de todo y con abandono pillaron y asaltaron. No dejaron piedra sin tornar ni vecino de quién abusar, y se tornaron en una jauría ebria y libre, teñida de sangre, de vino y de tierra. 

Pero el Fin del Mundo nunca vino. Y al mes siguiente ya caminaban de nuevo por las calles, entre sus vecinos, de nuevo con sus trajes respetables y sus mancuernillas de oro.

Pero yo oí a un viejo que les dijo, “Aunque hayan vuelto a ser humanos sus corazones ya no tendrán descanso, si es que algún día lo conocieron, porque han descubierto lo que son en realidad, y seguirán siempre ávidos de sangre”.

Años más tarde, el Fin del Mundo vino y se fue, pero nadie pareció notarlo.



VIDEO DEL DÍA


El Duelo, la confrontación entre héroe y antagonista, es siempre la parte más emocionante de una película. Ya sean dos pistoleros en la calle solitaria a mediodía, dos hombres vestidos de etiqueta en el cuarto más lujoso y privado de un casino, o dos asesinos futuristas volando y esquivando lásers, el Duelo no tiene comparación. En La Leyenda de 1900, del director Giuseppe Tornatore (1998) hay uno de los mejores duelos de la historia del cine, que no incluye armas ni millones de dólares en juego, sino simplemente un piano de cola:

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