viernes, 5 de abril de 2013

Hablando de lo Inefable



‘El principio que todo lo abarca’
Feng Youlan.  A History of Chinese Philosophy, Vol. 1, (1952).

‘La realidad última en la que todos los atributos se unen y confunden’
Arthur D. Waley. The Way and Its Power (1958).

‘El principio eterno y sin cambios que está detrás y dentro del mundo fenomenológico’
Clarence B. Day. The Philosophers of China: Classical and Contemporary (1962).

‘Aquello que es responsable de la creación y la continua existencia del universo’
Lau Din-Cheuk. Lao Tzu/Tao Te Ching (1963).

 ‘Un principio metafísico que determina la naturaleza de las cosas’
Donald Munro The Concept of Man in Early China (Stanford University Press, 1969).

‘Una nada orgánica que al mismo tiempo es movimiento y creación pura’
Ellen Marie Chen. Philosophy East and West 23 (1973).

‘Un principio cosmológico, un origen o piso primordial, que es fuente de todo lo que es’
Norman J. Girardot. History of Religions 16 (1976/77).

‘La divinidad inmanente en la naturaleza’
Joseph Needham. Theology, 81 (1978).

 ‘La Realidad sin nombre a la que no se le puede adjetivar de ninguna forma significativa’
R. N. Ross.  Religious Traditions 2 (1979).

‘El origen del universo y del orden natural que fluye en él’
George D. Chryssides.  Religious Studies 19 (1983).


Estas diez definiciones parecerían ser de filósofos que quisieran dar a la definición tradicional de Dios un sentido más general o impersonal, pensando en un público menos embebido en lo religioso, y algunas de ellas rayan casi en el agnosticismo. Sin embargo todas ellas - entre cientos de otras que se han intentado - son ensayos para poner en lenguaje occidental una de las frases más engañosamente sencillas de la historia de la filosofía: la primera frase del Libro del Tao (Tao Te Ching, ó Daodejing, de Lao Tse):

道可道非长道,名可名非长名 (dao ke dao, fei chang dao, ming ke ming, fei chang ming)

Esos 12 caracteres quieren decir literalmente ‘el Tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao, y el nombre que se puede mencionar no es el verdadero nombre’.   Son, junto con las reflexiones que le siguen y para la época en que se redactaron (s. VI a.C.), una concepción sorprendentemente razonable del mundo, en la medida en que el pensamiento derivado de ellas es práctico, tangible y aplicable. Lao Tse hace un reconocimiento general de que el mundo partió de algo en algún punto; sin embargo ese algo es incognoscible e inaccesible en su esencia, de modo que no se detiene más en especulaciones metafísicas y pasa al punto importante para el ser humano: ese ‘algo’ no ama, no juzga, no castiga (y si lo hace no lo podemos saber, porque no lo hace de ninguna forma humana) pero sí originó, junto con el mundo, reglas que lo rigen. Esas reglas son observables y entendibles por el hombre. A la primavera que es buena para sembrar, le sucede el verano; luego el otoño que es oportuno para la cosecha y más tarde el invierno, cuando se descansa. Y las cosas empiezan de nuevo.

Esta filosofía, digamos, de campesino, tiene también complejas simbologías y ritos e incluso una vertiente religiosa que es estudiada a fondo sólo por unos pocos, pero que en su esencia - esa sencillez mencionada - es fácilmente comprendida por cualquiera.

Si tienes hambre, come; si tienes sueño, descansa. El observar las reglas de la existencia y comprenderlas lleva a moverse junto con ellas, esto es ‘alguien que sigue el Tao’. El ir en contra acarrea dificultades, de la misma forma en que si parece que va a llover, no preparamos un paraguas.

El Cuervo Inmortal


Edgar Allan Poe escribió su poema “El Cuervo" (The Raven) en 1845, y desde entonces ha sido uno de los poemas más celebrados de la lengua inglesa. Es ciertamente uno de los más populares para ser declamado y hasta ha aparecido como tema principal en Los Simpsons. La tétrica imagen del cuervo que atormenta al protagonista con su implacable frase de “¡Nunca más!” (Nevermore!) ha sido inspiración de incontables ilustradores, músicos y otros escritores.
Traducir poesía es una tarea llena de peligros, pero El Cuervo ha encontrado muy buenas versiones en español también, de las cuales creo que la mejor es la del venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde:

aunque hay quiénes prefieren la del argentino Carlos Obligado:

Aquí sin embrago me quiero enfocar en la declamación del poema. Es una historia de gran intensidad dramática que va creciendo de forma insoportable con esa maestría tan particular de Poe, hasta llegar por fin al grito desesperado de “¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu forma aleja..!”  (Take thy beak from out my heart, take thy form from off my door!) y no cualquiera puede declamar  este relato con la intensidad que requiere. Por eso quiero comentar las versiones que han hecho diversos actores famosos, ordenándolas - desde mi punto de vista - de las menos a las más logradas:

James Earl Jones
Sí, la voz de Darth Vader y Mufasa, el rey león, es una de las más icónicas que existen. De hecho él es quien hizo la versión para el especial de Halloween de Los Simpsons. Pero me parece que una voz profunda y bien timbrada no basta y aquí, su interpretación plana y tan poco emotiva, deja mucho qué desear. Esta versión me deja frío e indiferente.

Christopher Walken
Walken es otro ícono: no importa lo que haga (y vaya que hace ridiculeces), él ya es un inmortal y es amado por su imagen inescrutable y su dicción exótica. Y la verdad es que la declamación empieza de forma excelente, pero a medida que la historia avanza, la emoción se estanca y a mi juicio, poco a poco estamos oyendo ‘demasiado Walken’ y muy poco Poe.

John Astin
Le doy una calificación ligeramente más alta que a la anterior porque Homero Addams realmente quiso meterse en el personaje - con vestuario y mirada desquiciada incluidos - pero desgraciadamente su presentación es demasiado apresurada y aunque también empieza con el pie derecho, la velocidad y la falta de cadencia hace que al final se pierda el impacto dramático.

John de Lancie
De Lancie no es tan famoso como los otros de esta lista, siendo más bien actor de TV (es el personaje ‘Q’ para los entusiastas de Star Trek) pero da una potentísima interpretación del poema, con un sentimiento más moderno por su cadencia. Un par de errores de dicción no obstan para que, cuando llega a la escena donde el protagonista empieza a perder los estribos, con su “¡Oh, profeta —dije— o duende!, mas profeta al fin, ya seas ave o diablo”  (Prophet!  - Said I - Thing of evil!  Prophet still, if bird or devil!), el declamante está ya en plena ebullición de sentimientos, y de ahí hasta el final, no para hasta llegar al desenlace de la tragedia.

Vincent Price
Un clásico.  Price, el amo del horror, no necesita presentación alguna, y este video en donde actúa magistralmente el poema, sigue siendo un estándar contra el cual se comparan todas las demás interpretaciones. Su cadencia, sus pausas, el lento avanzar de los presagios… su voz por veces trémula y exaltada, todo hace de esta una interpretación para la posteridad. Así que, ¿quién mejor que este gigante?

Christopher Lee
Otro gigante. Lee, el mejor Drácula clásico (aunque más recientemente se le conozca más por ser el mago malvado de El Señor de los Anillos) es quien se lleva las palmas con su interpretación. Esta es otra voz privilegiada, y hace suyo al personaje desde el comienzo obsesivo e inquietante. Para cuando llega a la escena final del drama, ya su grito del "Tell me, is there balm in Gilead?"  (“¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?”) es desgarrador, se puede escuchar el odio hacia el ave maldita en su “Take thy beak…  y su resolución de la stanza final, sin esperanza y ya perdida la razón, es de tal potencia que demanda un largo silencio tras ella.




jueves, 4 de abril de 2013

Hablando en ideogramas



La mayor parte de los estudiantes que vienen a China y por primera vez empiezan a estudiar el idioma se enfrentan con un tema realmente intimidante (y con métodos educativos muy diferentes a los occidentales), y no es sino hasta despues de varios meses que sus miedos inciales van desapareciendo. Yo tuve la misma experiencia.

Hay muchas preconcepciones acerca del idioma chino, pero sin duda la que más nos hace pensar que es algo casi imposible de aprender, es su forma de escritura. La mayoría lo concibe como algo increíblemente abstracto.

Sin embargo, el chino no es tan oscuro como puede parecer en un principio. La realidad es que nuestra forma de escribir es mucho más abstracta que el chino: cuando escribimos la palabra ‘perro’, no ponemos en el papel sino una serie de signos que indican sonidos, pero que de ninguna manera evocan al animal en cuestión. Cuando escribimos ‘perro’ en chino, hacemos un dibujo (que ha sido estilizado a lo largo del tiempo), que representa gráficamente a un perro.

De modo que, si uno puede aprender las partes componentes de los caracteres chinos (equivalentes a nuestras raíces griegas de las palabras), que son menos de 200, es mucho más sencillo empezar a entender la lógica detrás del idioma. Daré un par de ejemplos comparativos para ilustrar esto.

En español, tenemos la raíz electro-, que aplicamos a una gran variedad de cosas relacionadas con la electricidad. Pero NO es español, sino griego: elektron significa ámbar, y en el s. XVII fue adoptada al observar que el ámbar, al ser frotado, producía electricidad estática. 

El idioma chino no proviene de ningún otro. Hace miles de años empezó como un idioma puramente pictográfico (como el egipcio antiguo) y fue evolucionando en sofisticación, agregando nuevos significados y creando conceptos por la combinación de ideas básicas. Así, el dibujo de un rayo cayendo en el campo durante la lluvia, significaba trueno (el caracter se pronuncia aproximadamente tien). En el s. XVIII, los chinos simplemente tomaron este caracter antiguo y le asignaron, por extensión, el significado de electricidad

Ahora bien, si combinamos este ‘tian’, con otras ideas básicas, tenemos: tian-she (electricidad-visión) que significa televisión; tian-hua (electricidad-palabras) que es teléfono; tian-chi (electricidad-reserva) que es batería; o tian-nao (electricidad-cerebro), o sea una computadora.

Otro resultado del hecho de que el chino no tiene raíces de otros idiomas, es que al estudiarlo podemos toparnos con cosas que nos parecen realmente absurdas, pero que no lo son. Por ejemplo, hipopótamo en chino es he-ma, literalmente "caballo de río". Al principio nos causa gracia y nos preguntamos cómo pudieron ponerle una traducción tan chusca, pero la historia es así: en China no había hipopótamos, y los primeros que vieron fueron en libros llevados por los europeos. Al preguntar el nombre y oír esa palabra tan extremadamente larga, vieron sus opciones: la primera era hacer una transliteración fonética y terminar diciendo algo así como shi-po-po-ta-mou, lo cual hubiera sido complicado y además hubiera tenido un significado como "madera grande de las orillas occidentales" o algo igualmente ridículo. La segunda era preguntar qué significaba esa palabra, y vieron que simplemente estaba hecha de dos palabras griegas que decían caballo (hippos) de río (potamos). Les debe haber parecido gracioso, pero viendo que esas dos palabras sí las tenían en su vocabulario, optaron por la versión mucho más corta, dicha en su propio idioma:  he (río) ma (caballo).


Una vez que uno puede superar los primeros obstáculos sicológicos, el chino se convierte en una lengua más bien intuitiva y conceptualmente divertida. Siendo un idioma que no se referencia sino a sí mismo, tiene una coherencia interna y una lógica propia, que proviene en gran parte de las antiguas culturas agrícolas que definieron a este país por milenios. Esto nos da una idea muy gráfica de la historia de su pensamiento.

Por ejemplo, el caracter original para mujer (niu), es un dibujo de una mujer de rodillas, con las manos cruzadas sobre su regazo, una actitud sin duda machista pero que corresponde con las estructuras de muchas sociedades antiguas.

Adentrándonos más en nuestro estudio, nos encontramos otro caracter, en este caso compuesto: un dibujo de una mujer con un bebé en sus brazos. Este ideograma (hao), nos enteramos, no significa "madre", sino… ¡bueno! La idea más cercana que encontraron los chinos antiguos para representar lo bueno fue, ¡una mujer con un bebé!

Esperando que nuestras lectoras más liberales no se indignen, nuestro siguiente ejemplo es: el dibujo de una mujer bajo un techo, o sea una mujer dentro de su hogar. Esta es la representación del concepto de … Paz (an).

Pero para que se pueda apreciar que los primeros chinos escritores no estaban solamente viendo maneras de limitar al sexo femenino y canonizando estas limitaciones en sus palabras, debemos ilustrar que por ejemplo, el caracter para hombre (nan) es un dibujo de una persona trabajando arduamente en el campo, con un azadón.

Y siendo agudos (y cínicos) observadores de la naturaleza humana en su esfera social, vemos al caracter que representa a un ministro de la corte (cheng), que no es sino un dibujo de un hombre en traje oficial, postrándose ante su soberano.

Casi todo el chino antiguo es eminentemente visual, y podríamos seguir aquí enumerando casos como "descansar" (shiu) que es un hombre al lado de un árbol; "raíz" (gen) que es el mismo árbol pero con una línea en su parte baja, haciendo el énfasis; o  "bosque" (lin) que son dos árboles.

Se preguntará el lector, ¿cómo, con bloques básicos tan elementales, se pueden formar todas las palabras, sin nunca tomar prestados conceptos de otras lenguas?

La respuesta es en extremo sencilla: todos los caracteres chinos pueden tomar nuevos significados, por extensión (trueno-electricidad, como veíamos antes) o por combinación. No hay nada que sea tan complejo que no pueda ser dividido o relacionado con unos cuantos bloques conceptuales.

¿Qué tal ácido desoxirribonucleico, ADN? ¿Será posible? Lo es.  Se dice 脱氧核糖核酸 (tuo yang he tang he suan), que significa  sin – oxígeno – núcleo – dulce – núcleo – ácido.

Sí, definitivamente suena raro. Pero eso es exactamente lo que significa ácido desoxirribonucleico. Sólo usan seis sílabas en vez de 11, y no necesitan saber griego para entenderlo.



La frase del comienzo se lee primero de derecha a izquierda, y luego en sentido inverso:  Ren Nan Zuo, Zuo Nan Ren  (es difícil llegar a ser un hombre de verdad).