lunes, 8 de julio de 2019

La desconfianza que todo lo corroe


A veces intento explicar (sin mucho éxito) algunos de los tejes y manejes de la vida pública mexicana a mis amigos chinos. Esta vez el tema que los ocupa es el escándalo de la empresa Oceanografía, pero ya antes me habían preguntado y descreído acerca de la famosa situación del Gober Precioso y similares, que los chinos que siguen el tema de México han analizado. Esto es importante porque en los últimos años y con el creciente acercamiento, en China se hace escrutinio de los marcos políticos y legales dentro de los cuales estarían operando sus inversionistas, que han estado esperando el desarrollo de las recientes reformas relacionadas con varias industrias incluyendo la energética. Y lo que perciben es más bien confuso.

Veamos. China tiene muchos problemas similares a México, incluyendo el de la corrupción que permea ambos sistemas políticos y sus relaciones con la economía. Sin embargo, el manejo en China es diferente, y la diferencia se ha acentuado a partir de la entrada al poder del presidente Xi Jinping, que ha hecho de la cruzada anti-corrupción uno de los estandartes de su régimen. Las pesquisas que se han realizado en el último año han causado olas en la clase política China y ha resultado en miles de arrestos por aceptación de sobornos, tráfico de influencias y mal uso de recursos públicos. La campaña ha tenido un muy alto perfil en los medios.

Y no es que México no haya hecho algo similar, pero como hemos visto, los alcances son mucho más limitados y hay una importantísima diferencia: en China, decimos, existe corrupción, colusiones y todo tipo de tráficos que nos son conocidos. Pero cuando un oficial es expuesto y sus acciones ilegales son percibidas, no hay quién lo salve. Esto se ha visto una y otra vez desde la presidencia de Hu Jintao (2003-2013) y se ha remarcado este año.  Por supuesto no todos pueden ser capturados, o no a todos es posible fincarles un caso, pero si se hace, el rango no los puede defender. El poderoso ex-ministro de ferrocarriles, que fue encarcelado por corrupción, es el ejemplo más visible. Aunado a la creciente participación ciudadana en los medios electrónicos para presionar y descubrir las faltas administrativas de los oficiales, la burocracia china se encuentra en constante alerta y no quiere dar ni un paso en falso. 

Lo que mis amigos chinos no pueden comprender bien, es cómo un oficial exhibido y prácticamente confeso, puede no sólo seguir en su puesto, sino seguir medrando dentro del sistema. El daño al tejido social es inmenso, no en lo económico sino en lo anímico (parte de lo que le comentaba la semana pasada acerca de que el activo más importante de un gobierno es la confianza). La claridad de saber que cuando haces A, te pasa B, es fundamental. No importa si B es un manazo o la pena de muerte, lo importante es que suceda sin falta. Pero cuando puedes hacer A, B, C y acabarte el abecedario sin que exista ninguna repercusión, el caldo de cultivo de la sociedad se apresta para convertirse en la olla de presión que estamos viendo en nuestros días.

China tiene una larga tradición de ver como ascienden y se desmoronan las dinastías, y saben que este tipo de descontento es siempre factor fundamental para propiciar lo segundo. China sabe muy bien lo que hace para dar escapes a la presión, esperemos que nuestros oficiales estén tomando nota.

* *

- Oye, que atraparon al Chapo Guzmán.
- Ja, claro que no, debe de ser un doble de esos que tiene. Igual que como pasó con Aburto. 
- Pero lo atraparon con muchos millones de dólares. 
- Bah, seguramente había diez veces más, que se los robaron y nada más reportaron eso que pusieron en la foto.
- Y dicen que está disminuyendo un poco el crimen.
- Más bien debe de ser que no está reportando las cosas, y están escondiendo los números reales.

Así y con un largo, largo etcétera son las conversaciones que escuchamos en la sobremesa en estos días, todos los días.

Para ser justos, el pueblo mexicano siempre ha tenido una —a veces excesiva— dosis de escepticismo y reticencia ante las cosas que implican el uso y abuso del poder; pero si no me falla la memoria, los extremos de rechazo ante toda noticia a los que hemos llegado recientemente no tienen precedente cercano. Y como saben mis lectores que cualquier cosa siempre me recuerda algún cuento chino, aquí refiero uno que viene al caso con este tema:

Dice la historia que le preguntaron a Confucio cuáles son las cosas indispensables para que una nación sobreviva. Confucio dijo ‘Comida, Ejército, y Confianza en el Gobierno’. Cuando le preguntaron si podría eliminar una de esas cosas, contestó, ‘El Ejército es lo primero que se puede eliminar, porque no es más que un grupo de hombres entrenados de cierta forma. En ausencia de ellos, todo el pueblo puede servir como ejército en una emergencia, si hay unión’.
Luego le volvieron a preguntar al maestro, de las dos cosas que quedan, cuál podría eliminarse. Confucio contestó, ‘La Comida’.

Sorprendidos, sus alumnos le rogaron que explicara su respuesta, a lo que Confucio accedió diciendo, ‘En todas las épocas, buenas o malas, la gente —joven y vieja, saludable y enferma— muere por muchas razones. Es verdad que al quitar una cantidad suficiente de comida morirá un número mayor al normal, pero aún así los hombres pueden mantener la unión, la disciplina y el rumbo a pesar de hambrunas y penurias. Pero ninguna nación que pierda la fe en su propio gobierno puede sobrevivir por mucho tiempo.’

Se la atribuye a Churchill el haber dicho que el verdadero liderazgo es “saber promulgar y hacer valer políticas impopulares en tiempos difíciles”, pensando que esas medidas serán beneficiosas a la larga.  Una y otra imagen se complementan: liderazgo es saber tomar las riendas con un rumbo claro, aunque el horizonte a veces se antoje demasiado lejano.




Estos dos textos los publiqué por primera vez en marzo de 2014:


 



  

jueves, 4 de julio de 2019

Naranja dulce y la generosidad más bella


Para Alicia

Quienes me hayan leído un poco sabrán que tengo una niña, Alicia, que es la luz de mis ojos y la niña más hermosa del universo. Por supuesto, todo padre orgulloso va a decir eso de su niña o de su niño y quiero compartir algo aquí y que compartamos más historias.

Hay momentos en que sentimos orgullo de ellos cuando los vemos hacer algo por primera vez, algo que hemos tratado de enseñarles: una frase educada ante la familia, una vuelta al parque en su bicicleta a la que por fin le ha quitado las ruedas de entrenamiento, ayudar a lavar los trastes en la cocina.

Pero luego hay otro tipo de orgullo, uno más sutil, mucho más hermoso y que en vez de depender de todas esas tareas e ideas que nos afanamos en transmitirles, depende más bien de lo que ellos observan y aprenden día con día, y de cómo su temperamento se va desarrollando de modo que un día nos sorprende y emociona.

Un día, estaba con ella en su cuarto, enseñándole la canción infantil de “Naranja Dulce”:

Naranja dulce, limón partido
Dame un abrazo que yo te pido.
Si fuera falso mi juramento
En un momento se olvidará.

Toca la marcha, mi pecho llora
Adiós señora, yo ya me voy
A mi casita de sololoy
A comer tacos y no les doy.

Al llegar a la última frase, ella me preguntó, “¿por qué dice ese niño que no les quiere dar tacos a los otros niños?” Nunca me había planteado eso, así que se me ocurrió decirle que porque la canción hablaba de un niño envidioso. Eso no pareció satisfacerla mucho y se quedó con el entrecejo fruncido un rato. Finalmente, me dijo que la quería cantar ella sola.

Al llegar a la segunda estrofa, me vio muy sonriente y cantó:

“… A mi casita de sololoy,
A comer tacos ¡y sí les doy!”

Es la niña más hermosa del universo.