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sábado, 8 de agosto de 2026

Cancelando lo Woke



Los lenguajes son así. Las palabras, de forma natural, cambian con el tiempo, sus usos se modifican y un término puede ampliarse, suplir a otro, o llegar a significar lo opuesto de lo que era en un principio.

Un ejemplo divertido en español es Bizarro, que originalmente significa Valiente (“un caballero de honor y bizarría”) pero que con el tiempo, y por influencia del inglés, pasó a significar “grotesco”, donde sí significa eso.

Un ejemplo muy local es en Monterrey, donde en los 40s la palabra “guey” era altamente ofensiva, mientras que “cabrón” no es que fuera docta, pero era algo mucho más ligero. Por el uso sutil que es natural, pasaron a lo opuesto: aunque ambos son muy informales, la primera pasó a ser mucho más liviana que la segunda, y hay mucha gente que prácticamente la usa como sufijo universal ("claro, wey").

También hay cosas que cambian por el empuje de actores “con poder”, digamos. En el español, de nuevo, hace siglos las formas “fuiste” y “fuistes” eran aceptables, pero hubo un momento en el que varios “estudiosos” se reunieron para elaborar reglas gramaticales y usos estandarizados, y decidieron que lo correcto era la primera opción y lo incorrecto la segunda.

Lo que vamos a ver es un fenómeno relacionado con la segunda opción.

Woke

“Woke” es un término en inglés que se originió en la comunidad negra de EEUU en los 60s, y está relacionado con la justicia social. Su significado literal es “despierto” ó “atento”, y “be woke” es “estar atento a” ó “estar consciente de”.

¿De qué?

Pues de las injusticias sociales estructurales y de sus manifestaciones. Por ejemplo cómo gente negra batalla mucho más para ser aceptada como inquilino en ciertas zonas, cómo sus interacciones con la policía tienden a ser más peligrosas aún sin motivo aparente, cómo se da la discriminación en educación y empleo, etc. Recordemos que la primera niña negra que asistió a una escuela “blanca” fue en 1960, y hubo protestas que casi se hicieron motines.

En fin, que el término en los 70s y 80s pasó a significar ser alguien que se preocupa por estas cosas y saltó también a incluir problemas sistemáticos de otras minorías. Sin embargo era una palabra que nunca fue mainstream: la comunidad blanca y los medios no la usaban y sólo saltó a la discusión pública en 2013 con el movimiento Black Lives Matter, que surgió a raíz del enésimo asesinato impune de un joven negro (Trayvon Martin) y que creció con casos como el de Eric Garner (2014) y George Floyd (2020). La palabra woke de hecho entró al Diccionario Oxford en 2017 con la definición “alert to racial or social discrimination or injustice”.

¿Cómo cambió?

Así que woke (la palabra) se empezó a hacer popular tras décadas de existencia, pero bastaron sólo un par de años para que fuera cambiada en lo opuesto de su significado, y transformada en arma, burla e insulto hacia quienes aspiran a esos valores de tolerancia e inclusión. ¿Quién lo hizo?

Fue primero en Inglaterra en 2019, con comentaristas conservadores como Laurence Fox y Toby Young, quienes empezaron a usar el término de forma burlona. Achacándole tanto problemas reales -como la laxitud en políticas de contratación e inclusión (Affirmative Action/DEI)- como exageraciones inexistentes y argumentos falaces, y lo empezaron a denigrar como antes se hizo con el término “corrección política”. Sus colegas en EEUU, principalmente en la cadena Fox, saltaron con gusto en el vagón, y para 2020 se estableció esta nueva acepción, que brincó de inmediato al español tanto en su forma original, como con traducciones de otros sinónimos que salieron (snowflake/copo de nieve) y versiones locales como “generación de cristal”, que es más específica y generacional.

Cómo sigue cambiando

Al día de hoy, en español se usa woke de forma totalmente arbitraria, y mucha gente la usa para referirse a cualquier cosa que no le gusta, desde decisiones de casting en una película hasta decisiones editoriales, políticas de promoción de la diversidad y un largo y revuleto etcétera.

En la anglósfera, woke se ha convertido de forma frecuente en una palabra-código (codeword/ whistle call) de gente racista que no lo quiere expresar muy abiertamente.

De modo que en un montón de problemas sociales altamente complejos, como política migratoria, política de inclusión, derechos de minorías y cosas así, mucha gente opta por burlarse asignando sin más la palabra woke en vez de integrarse a las discusiones, que claro, son difíciles y presentan muchas complejidades y dilemas tanto económicos como sociales.

“Cancelar”

Finalmente y como colofón, la palabra Cancelar también ha entrado al vocabulario en años recientes, de forma parecida a woke: en este caso como hipérbole o exageración mal usada, usualmente por personas que quieres hacerse los ofendidos o víctimas.

Como dice Norman Finkelstein, hace tiempo, el racismo era una cosa que podía verse y medirse, con cosas como tu dificultad para acceder a cierto tipo de vivienda ó educación. El usar la palabra “cancelación”, ya no en el tema racial sino en el de pensamiento, es delicado:

En su acepción correcta, significa que un grupo poderoso te impide hacer algo para castigarte por tu pensamiento y opiniones: cancela tu cuenta en redes sociales, tus cuentas de banco, te expulsa de clubes, te despide de tu trabajo. Te cancela.

Por otro lado, llamar “cancelación” a que un montón de gente te critique porque dijiste una burrada en público, es muy distinto.

Claro, no debemos confundir esto con el muy real y muy horrible problema del bullying tanto presencial como digital. Por ejemplo, si una persona sale en un video vistiéndose de forma estrafalaria y miles de personas llegan a decirle vulgaridades e improperios y decirle que mejor se suicide, eso es claramente inaceptable.

Si otra persona hace un video declarando que de hecho es buena idea volver a la práctica de la esclavitud porque existen razas inferiores, y miles de personas llegan a decirle que es un imbécil, eso se llama FAFO (fuck around, find out, algo así como "el que se lleva se aguanta").

Conclusiones

Desde luego, el problema es que rara vez vemos casos así de claros, sino que lo común es ver mezcla de todo: opiniones contrarias pero respetuosas, opiniones contrarias y muy encendidas, insultos, bullying, amenazas de muerte y hasta peor.

De modo que necesitamos en todo momento ejercitar nuestro criterio para tres cosas: (1) enfrascarnos con la idea a discusión, (2) usar con cuidado las palabras y (3) discernir las críticas constructivas de los insultos sin sentido.

Se dice fácil.

 

 

sábado, 3 de agosto de 2024

Las Matemáticas y la Numerología

 

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Las matemáticas usan el rigor y pruebas cuidadosamente construidas, para descubrir y verificar relaciones entre los números, entre otras cosas. Pero la numerología le adscribe a los números características y propiedades adicionales, con dos problemas muy graves. Primero, esas propiedades no son matemáticas sino sicológicas (cosas como anhelo, flexibilidad, empatía, etc.) y segundo, las asigna de forma arbitraria, que depende de factores socio-culturales locales y que son infinitamente interpretables, de modo que no se pueden desmentir. En lenguaje formal, se dice que no son falsificables.

En la película PI (1998) hay una genial discusión entre un profesor de matemáticas y su alumno, que anda desvariando. La razón es que está obsesionado con encontrar relaciones místicas entre las cosas basado en ciertos números que ha descubierto recientemente a partir de unos errores inesperados en programas computacionales. Éste es el diálogo (aquí el original):

 

Sol Robeson: Los japoneses consideraban que el tablero de Go era un microcosmos del universo. Cuando está vacío parece simple y ordenado, pero de hecho las posibilidades de juego son enormes. Dicen que nunca han existido dos partidas iguales; como los copos de nieve. Así que el tablero representa un universo extremadamente complejo y caótico, y esa es la verdad de nuestro mundo, Max. No se puede resumir fácilmente con matemáticas, no hay un patrón simple.

Maximillian Cohen: Pero a medida que avanza el juego, las posibilidades se hacen cada vez más pequeñas. El tablero adquiere orden y los movimientos se hacen predecibles.

Sol: ¿Y?

Max: Entonces hay un patrón, un orden subyacente a cada partida de Go. Tal vez ese patrón sea como el patrón de la bolsa de valores, de la Torá, de este número 216...

Sol: Eso es una locura, Max.

Max: ¡O tal vez sea una genialidad! ¡Tengo que hallar ese número!

Sol: ¡Espera! Estás perdiendo el control, tienes que tomar aire. Escúchate: estás relacionando un error informático que yo tuve, con uno que podrías haber tenido y además con alguna tontería religiosa. Si quieres el número 216 en el mundo, lo podrás encontrar en todas partes; 216 pasos desde la esquina de tu calle hasta la puerta de tu casa, 216 segundos que pasas en el elevador. Cuando tu mente se obsesiona con una cosa, filtras todo lo demás y encuentras esa cosa en todas partes: 320, 450, 22, lo que sea. Has elegido el 216 y lo encontrarás en todos lados en la naturaleza. Pero, Max, en cuanto descartas el rigor científico ya no eres un matemático, eres un numerólogo.