lunes, 4 de noviembre de 2019

Tú y yo y la oscuridad y un móvil


Palabras. Ella está hecha de palabras. ¿Fue ella quien las dijo? Quizá fue ella, quizá fui yo. ¿Cuál fue el móvil? Sí, lo sé. ¿Cómo empezó? No lo recuerdo. Un mensaje inconsecuente. Pero ella es palabras y está aquí de nuevo, en la oscuridad. Conmigo.

Todo se duerme mas yo no duermo con la noche. El aire es frío y siguen sin arreglar la gotera del baño, pero ya no me desespera su sonido necio. Lo ignoro mientras las palabras aparecen en el rectángulo que brilla en mi mano.

Las palabras caen, caen, líquidas. Y mojan. Inundan. Permean como rocío, caen como gotas. Plácidas, orgánicas. Como lluvia y memorias, como café o como vino sin pasar por el café; como semen y líquido amniótico. Caen como gotas sobre el agua, como el sonido necio de la gotera que sigue sin arreglar, llenando contenedores, desbordándolos en la madrugada.

Sabemos. Sabemos todas las palabras. Todas las palabras que nos han enlazado son nuestras ahora; es todo lo que sabemos. Palabras. Son menos de lo que somos, pero son más, son pistas que explotan, son pieles imaginarias que recreamos, ojos con los que reímos.

Nos bastan.

La imagino imaginándome en su propia oscuridad. Ambos a oscuras, cómplices. Tramando la caída de muros, preparando explosivos para dinamitarlos.

Pero antes caen, caen. Solos, con su solo peso. Campanadas que caen como centavos. Caen pero eso no impide que riamos preparando explosiones, en una embriagante tontería. El vino no es necesario en los labios, sólo la pequeña luz en medio de la oscuridad y nuestros dedos que alejan el sueño.

No, no sé quién es. Es sólo palabras; sólo ideas. Una ventana que ha pasado la prueba de Turing, con su brillo que viene de noche y me cobija sugiriendo sueños.

En el día las voces parecen amortiguadas al llamarme; la enfermera y los doctores se me antojan extrañamente ausentes en su corporeidad indiscutible, pero hoy más frágil. ¿Son sus palabras? ¿Sus cosas que conozco bien, cada vez mejor en sus contornos, pero no en sus profundidades? ¿Sus voces repetidas cada día? Quizá. O quizá estoy loco. O quizá estoy sobrio.

Pero mientras, las palabras caen como promesas; como estrellas fugaces. Caen, caen como anzuelos descendiendo, como halcones oscuros que nos escuchan. Peligrosos, majestuosos. Con misterios pero risas, risas que se multiplican y hacen que mis oídos sean más indiferentes con la salida del sol. ¿Un día nos diremos más palabras, que rompan el encanto? ¿Que nos revelen que estamos a pocos pasos uno del otro? ¿Que supo de mí hace tiempo por una nota del periódico?

No.

No. Es esta distancia infinita, este íntimo lazo, ambos hechos de palabras, lo que prefiero. La orilla de mar, la lenta construcción de su mente en mi mente. Sólo una luz pequeña, que puedo sostener en mi mano y acariciar con mis dedos, en medio de la oscuridad. Luciérnagas en jaulas, con mensajes que van y vienen. Y caen. Caen como ropa que deja libre la piel. No quiero que estemos hechos más que de palabras, de signos, de negro sobre blanco, de caricias de luz.

 
Confinado. Inmóvil. Desfigurado. Son palabras que no uso. Que no uso más. Ella sólo ve mis palabras, brillando en su mano en su propia oscuridad. Y le bastan.


  

lunes, 28 de octubre de 2019

50 vueltas al sol en una nave azul


Para mi hermana Sara, mis hermanos Alejandro y Óscar,
y para todos ustedes que juntos hemos decidido ser familia.

No tiene mucho de particular que un costal de carne y huesos se la haya pasado respirando, comiendo tacos y deambulando por la tierra durante poco más de 18 mil días.
He pasado por lo mismo que pasamos todos, detalles más, detalles menos. Ir de aquí para allá a veces con pausa y casi siempre con prisa, aprender un oficio, compartir, mentir, alegrarse con las auroras, cometer miles de estupideces y tener la suerte de enmendar una o dos de ellas, llorar pérdidas, renovar esperanzas que creías idas, recoger pedazos de corazón roto y arrepentirse al ver a alguien recoger pedazos del suyo.
Nada fuera de lo común.
Pero lo que celebro hoy no es la permanencia de mi cuerpo sino la riqueza inmerecida que me han dado aquellos a quienes he conocido. Si Borges dijo que se enorgullecía no de lo que había escrito sino de lo que había leído, así me enorgullezco yo de quienes me han formado.
He tenido a la mejor familia del mundo, y he tenido a los mejores amigos del mundo.
A todos ustedes, que me han compartido lo más valioso que tienen: su tiempo, y que me han ayudado a llenar con sus cualidades esta vasija que soy: a ustedes, gracias.
Schrodinger se preguntaba, ¿qué si la conciencia es un singular cuyo plural no podemos imaginar? ¿Qué si nuestros ojos son la forma en la que el universo se ve a sí mismo?
Pues yo sí me lo puedo medio imaginar, gracias a ustedes: porque a través de sus ojos me han ayudado a ver el mundo de muchas formas y me han hecho ser mejor.
Gracias a todos por acompañarme en esta nave azul pálido, en estas 50 vueltas al sol, sean décadas o pocos meses los que hayamos compartido, estemos cerca o al otro lado del océano. Somos ojos emparentados para ver juntos el mundo.


  

lunes, 21 de octubre de 2019

Buenas intenciones, malas políticas

El presidente: una persona con cualidades y acciones que le permitieron llegar al poder pero que una vez en él, esas mismas cualidades le limitan muchísimo. Veamos. El creer de forma inamovible en sus ideas, el tesón de décadas, el recorrer el país de arriba abajo a pie y el ponerse en contacto directo con la gente para poder hablarles a cada uno de ellos en su idioma, con una sensibilidad que nadie de sus opositores tenía. Además, se benefició de estar en el lugar justo en el momento justo: el poder que había controlado el país por décadas, había acumulado un rechazo generalizado y de esa forma le fue más fácil cohesionar a la gente para asestarle un golpe mortal y desmantelarlo con miras a lograr una renovación total del sistema. 

El problema fatal es este: un líder puede unificar a una nación en torno a un alto ideal, pero una vez en el poder, la ignorancia técnica puede dar al traste con todo. Dos cosas juntas se convierten en una receta para el desastre; primeramente, la ya referida: ignorancia de temas técnicos. En segundo lugar, una fe inamovible en sus ideales y en la creencia de que el poder confiere capacidades mágicas. Esto es, creer que la sola enunciación de una idea, basta para que esa idea se materialice de forma instantánea y perfecta. De esta manera, con una idea muy nebulosa del funcionamiento macro de un país, se pone a listar ideas que si bien responden a una buena intención de mejora, ni son razonables ni están actualizadas con las circunstancias del país.

Este solo problema sería tratable si no estuviera combinado con otro: el rodearse de gente cuya principal cualidad es la lealtad por encima de todo. Este tipo de gente, llamada en inglés yes men (“los que sólo dicen que sí”) crea un peligrosísimo círculo de mentiras en torno al líder: una mala idea no sólo no es refutada oportunamente, sino que se intenta implementar y además se empiezan a crear reportes positivos pero falsos, para dar la apariencia de que “el movimiento” es siempre perfecto y que no acepta errores nunca. Esto es muy pernicioso para la economía, sino que refuerza el nefasto culto a la personalidad del líder, haciéndolo cada vez más inamovible. En los casos en los que los errores son evidentes, siempre se puede culpar a actores externos y malévolos. Estas acciones, acumuladas, desembocan entonces en catástrofe económica, aislamiento internacional y la peor hambruna de la historia moderna. 

Ah, me olvidaba: estoy hablando de Mao Tse-tung.



VIDEO DEL DÍA   

Podría ser que existan más dimensiones, pero no serían exactamente como las ponen en relatos fantásticos, de donde vienen enemigos de Superman y Dr. Who. Para entender qué son, este video es excelente: