viernes, 4 de julio de 2014

Chistes en caricaturas clásicas



"¡Este no es un huma-huma-nuka-nuka-apa-uapa!" (Referencia sólo para conocedores)


Para sonar como viejito: ¡las caricaturas de antes eran mejores que las de ahora!
Bueno la verdad no veo mucho las de ahora, pero seguramente los que vieron junto conmigo las caricaturas en México en los 70s las recuerdan con cariño. Presentadas por el Tío Gamboín —de quien, dicho sea de paso, yo también fui sobrino— eran realmente geniales. Aquí pongo cinco ejemplos que se han quedado en mi memoria:

1.  ¿Una corbata, monsieur?



De entre las docenas de episodios de Porky, el Pato Lucas y compañía, “El Hombre del Sombrero Verde” (The Man in the Green Hat, 1957) para mí se lleva las palmas. El Pato Lucas es un espía estilo James Bond que tiene que proteger un importante maletín, que es robado por El Hombre del Sombrero Verde. Persiguiéndolo por un tren lleno de maleantes, se sienta en uno de los carros mientras un camarero le ofrece: “Dulces de cianuro, veneno de cobra, manoplas de hierro…” y finalmente la ‘corbata’ de la imagen.

2. Agregue agua.

Y en el mismo capítulo, al final claro que el Pato Lucas recupera el maletín y lo entrega a un embajador extranjero, que era su destinatario original. ¿Qué cosa valiosa contenía el maletín? A diferencia de Pulp Fiction, aquí sí nos muestran el importante contenido: 



3.  ¡Yo soy el gran Sonso-nete, director de Carnegie Hall!



El capítulo de Don Gato y Su Pandilla, The Violin Player (1961) es uno de los más memorables, con el famoso violinista perdido Laszlo Loszla, cuyo genio es confundido con el violín de Benito Bodoque. Hay que decir que las traducciones al español eran infinitamente más graciosas que las versiones originales en inglés, y para continuar quejándome como abuelo, me parece que es un arte que se ha perdido. Por ejemplo, en este capítulo el nombre original del director de Carnegie Hall es simplemente Mr. Gutemberg, pero a algún genio en la cabina de doblaje se le ocurrió mejor ponerle ‘Sonso-Nete’.
¿Quién no se acuerda de los nombres y de las voces de los personajes? Aquí están los nombres en español y los originales en inglés:
Cucho                         Choo-Choo
Demóstenes               Brain
Benito Bodoque        Benny the Ball
Panza                          Fancy-Fancy
Espanto                      Spook
Oficial Matute             Officer Charlie Dibble
¡Ni comparación! ¡Viva el acento yucateco de Chucho!

4. Los Picapiedra, Rey por un Día



Los Picapiedra tienen una colección tan extensa de traducciones graciosas que sólo con ellos podría hacer varios artículos. En un capítulo aparece el famoso actor ‘Mármol Blando’, y en otro, Pedro se convierte en corredor de autos con el alias de ‘Charlie Ortibolsa’.
En el capítulo  The Drive-in (1960), Pedro y Pablo —que siempre andan queriendo cambiar de trabajo— ponen un restaurante y para ponerse poético, Pedro dice:
“En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo depende de la porquería que se cocina.”
Pero la que se lleva las palmas es la escena de ahí arriba, del capítulo King for a Night (1964), un capítulo de plena Guerra Fría. El rey de un país que es obviamente una parodia de los países satélites de la URSS, visita Piedradura; pero no quiere participar en sus visitas oficiales y se va por ahí. Los cónsules, que ven que Pedro se parece mucho al rey, lo convencen de ponerse una barba y actuar como él. Y para enseñarle el idioma, lo hacen practicar esta frase:
   “El pueblinski minski está morinski de hambrinski.”
Era la Guerra Fría, había que aprovecharse de todas las oportunidades para burlarse del enemigo.


5. El Arca de Nora

Y como mis lectores ya saben que NO HAY NADA MEJOR QUE LA PANTERA ROSA, aquí va un clásico, de cuando un cazador tejano está siguiendo su rastro, en el capítulo Sink Pink (1965):


- Pero bwana... la pantera rosa es tabú en este país, usté lo sabe...
- ¡No me importa de qué religión sea, siempre y cuando sea rosada!



jueves, 3 de julio de 2014

Pirita, Pareidolia y Apofenia



Via Amazon


No, no son tres hermanas que se apellidan Jiménez, aunque viéndolo bien sí que podrían serlo.

(NOTA: NO le ponga Apofenia a su hija).

En realidad dos de esas palabras se refieren a ciertas condiciones de la percepción humana, y la otra es un ejemplo de una de ellas. Vamos a ver una por una.

La Apofenia es un error de percepción. La palabra la inventó en 1958 el siquiatra alemán Klaus Conrad, para referirse a una condición de los esquizofrénicos, por la que se “percibe un significado anormal a partir de la experiencia percibida, pero que no revela nada de la realidad sino que es una imagen auto-referente y proyectada.” Después, tanto en sicología como en estadística, se empezó a usar la misma palabra para referirse al fenómeno de percibir patrones o significados en datos al azar, porque el ‘proyectarse’ no es una condición exclusiva de esquizofrénicos, sino que todos lo hacemos en mayor o menor grado. Por ejemplo, los casos más comunes son cuando los apostadores empiezan a ver ‘patrones’ en los números de lotería o en los resultados de la ruleta, tratando de hallar una estructura identificable para con ella predecir los números afortunados.

La Apofenia no es sólo un caso de error involuntario. Siendo una condición intrínseca del cerebro, que quiere encontrar patrones significativos en todos lados, es un fenómeno que se presta al abuso. Como dicen, hay mentiras chicas, mentiras grandes, y estadísticas. En su excelente libro “El Tigre Que No Está” (Océano, 2009) Michael Blastland y Andrew Dilnot hacen un interesante recuento de estas prácticas en la vida pública: cuando los números se usan de forma sesgada, incompleta o abiertamente abusiva para hacer creer que algo es beneficioso o perjudicial.

Uno puede pensar, “¿Qué hay más confiable que los números?” , y precisamente basados en esta idea inocente, las estadísticas que se usan en el discurso público pueden ser mostradas para apoyar de forma ‘incontestable’ una opinión cualquiera, o su completa negación. Por ejemplo:  “Vamos a aumentar el presupuesto de educación en 20%”, suena muy bonito y edificante. Pero si el presupuesto ahora mismo es de mil pesos, aumentarlo en 20% no es nada. Si el presupuesto ahora mismo es de mil millones, es mucho. Pero tanto mil como mil millones, ¿qué porcentaje son del presupuesto total? ¿Y de cuántas personas estamos hablando para dividirlo?  Todas estas son preguntas de sentido común, pero lo único que llega al titular de la noticia es la parte del “20%”.


La Pareidolia es un caso específico de Apofenia: es cuando vemos imágenes significativas en lugares al azar. Esto es muy común con imágenes religiosas, cuando cada dos por tres alguien descubre una imagen del rostro de Cristo en un pan tostado o a la Virgen María en unapared humedecida. Pero en todas las culturas ha existido siempre esta tendencia a ‘antropomorfizar’ todo tipo de cosas naturales, desde el Conejo en la Luna - que vieron desde los aztecas hasta los chinos - hasta la moderna Cara en Marte.

Aquí hay un ejemplo de Pareidolia:



Esa foto es un cristal de Pirita, un mineral de hierro también llamado “oro de los tontos”. La Pirita tiene una estructura molecular muy especial que le permite, de manera completamente natural, formar figuras simétricas que se antojan imposibles sin la ayuda de un diseñador: cubos y romboides perfectos, ‘ordenados’ de manera que recuerdan cuerpos humanos o animales, son comunes en este curioso mineral.

Otra forma de Pareidolia - esa hermosa manía que tenemos de buscar significado  - es cuando damos cualidades humanas a las cosas, aunque su imagen en sí misma no nos recuerde directamente algo humano, sino más bien la forma en que se contextualiza con su ambiente. Un ejemplo famoso es el anuncio de ‘La Lámpara de Ikea’ (2002):


La pobre lámpara de modelo viejo es echada a la calle por su dueño. Doblada, viendo hacia el suelo, parece triste y derrotada al lado del bote de basura en la calle solitaria. Y luego, la lluvia y la noche hacen que no podamos evitar verla como un ser consciente, que se halla triste y abandonado.

Cuando la música dramática está por hacernos llorar, la realidad emerge de forma tan brutal que se pasa directo al humor, protegiéndonos de la caída emocional: el actor que habla directamente a la cámara y dice “’¡Las lámparas no sienten! Cómprate un modelo nuevo.”



miércoles, 2 de julio de 2014

Si la Luz Nos Lleva (o, el arte de Juzgar)




Hay dos antiguas y muy interesantes cuestiones acerca de la apreciación de la literatura y del arte en general: la primera es si se puede apreciar algo de forma objetiva, por su valor intrínseco, independientemente de su contexto. Se han escrito ríos de tinta acerca de esta, y Borges en especial la aborda de forma genial en su cuento corto “Pierre Menard, Autor del Quijote”, del libro El Jardín de Senderos que se Bifurcan. Se pregunta, ¿qué pasaría si el Quijote hubiera sido escrito por otra persona, en otro contexto histórico y cultural? ¿Se apreciaría de la misma forma, sería tan influyente? ¿Sería admirado siquiera? En este sentido, el contexto es esencial.

La segunda cuestión —y que se discute de forma mucho más común— es si se puede apreciar una obra por sí misma sin importar cómo juzguemos a su autor. James Joyce, Salvador Dalí, Arthur Rimbaud, Van Gogh: hay mucha gente que juzga la obra porque ama (o detesta) a su autor. Dos ejemplos sobresalientes son las películas The Birth of a Nation (1915) y  Triumph of the Will (1935), ambas trascendentes en la historia del cine por su estética y técnica de dirección, pero la primera es tremendamente racista y la segunda fue un instrumento de propaganda de la Alemania nazi.  Ya antes toqué también este tema en la literatura filosófica, hablando de los escritos de Rousseau y su conducta personal más bien cuestionable. Otro ejemplo famoso son los ‘Gatos Esquizofrénicos’ de Louis Wain, un paciente mental que siguió pintando gatos a medida que su condición se deterioraba; su obra no sólo es de interés médico sino que ha recorrido galerías por el mundo. En esta segunda cuestión, entonces, el contexto (o por lo menos la vida interior del autor) parece ser menos importante.

Voy a poner un ejemplo de música y poesía moderna. Aquí están las letras (traducidas) de tres canciones que componen la totalidad de un álbum fundamental en cierto estilo de música contemporánea. Dejo al lector para que aprecie estas letras por su propio mérito:


1. LO QUE UNA VEZ FUE

Desde la fronda contemplamos
a aquellos que nos recuerdan otros tiempos
diciéndonos que la esperanza se ha ido para siempre.

Escuchamos cantos de elfos y agua que se rezuma.
Lo que una vez fue, hoy se ha ido lejos.

Toda la sangre y el anhelo y el dolor que regía,
las emociones que podían ser exaltadas…
se han ido para siempre.

No estamos muertos.
Nunca hemos vivido.


2. SI LA LUZ NOS LLEVA

El sol brilla en un claro en el bosque;
entre los árboles, somos prisioneros.

En ese claro de Dios, la luz quema y hiere;
al lamer nuestra piel, se eleva al cielo el humo,
una nube con nuestra forma.

Prisioneros de funerales,
atormentados por la bondad de Dios,
no hay llama alguna qué odiar.

Estaban en lo cierto, hemos llegado al infierno.


3. EN EL CASTILLO DEL SUEÑO

Entre valles brumosos, entre lóbregas montañas
bajo nubes grises, en la noche negra;
sobre un orgulloso caballo,
vestido de negro y con recias armas.

El infinito entre árboles muertos,
eternidad de frío sobre piedra y madera,
en las sombras.

De entre la bruma
de entre la oscuridad
de entre las largas sombras de la montaña
el castillo del sueño…

Así termina
la jornada que duró una vida.
El señor entra (en el castillo del sueño).



Y ahora le digo los detalles: el álbum en cuestión es  Hvis Lyset Tar Oss (Si la Luz Nos Lleva, 1993), del compositor noruego Varg Vikernes, con su proyecto musical Burzum. Es universalmente aceptado como uno de los más importantes álbumes de Black Metal, un estilo generalmente agresivo y con letras que van de la rebeldía contra lo instituido y la desazón existencial, como este, hasta las letras satánicas, a veces teatrales y a veces en serio. Las de Vikernes son todas en serio. En sus primeros años como Burzum, participó en el incendio de por lo menos tres iglesias, y en 1993, en una disputa con otro músico, lo mató a cuchilladas por lo que fue sentenciado a 21 años en la cárcel. Salió a los 15 y siguió haciendo música y además publicando libros acerca de su ideología de nacionalismo blanco, paganismo y conservatismo social.

Dejo al lector para que se forme su propia opinión, mezclando lo que quiera de las partes que componen Hvis Lyset Tar Oss. Escúchelo por lo menos unos minutos, se sorprenderá de cómo suena el álbum más importante de Black Metal: