viernes, 10 de enero de 2020

La leyenda de Pulo-Delhi


(Leyenda védica, referida por G. A. Bécquer)

Tras muchas jornadas extenuantes y llenas de penuria, Pulo-Delhi avanza por la montaña, en medio de la lluvia, con el arco tendido, la flecha pronta y la espada dispuesta.
Dos llamas brillan en la oscuridad. El tigre salta, y la flecha parte. Pulo arroja el arco, se cubre con su escudo y en la diestra empuña la espada. La lucha se traba y él hunde el filo de su arma en el cuerpo del tigre, hasta que éste cae sin vida a sus pies.
La lluvia cesa. Ante el asombro de Pulo-Delhi, el cadáver del tigre se estremece y lentamente se transforma en una serpiente de proporciones gigantescas.
— Ya no hay duda —exclama el héroe— Siva desea mi muerte. ¡Si fuera un dios para luchar con los dioses! Mas, mortal miserable como soy, venderé cara mi vida.
Pulo-Delhi desnuda la espada de nuevo y se lanza a la lucha, haciendo esfuerzos inauditos por herir al monstruo. ¡Imposible! Sus aceradas escamas son impenetrables.
Ya el reptil, aprisionándolo, empieza a ahogarlo, ya la espada se escapa de sus manos y él, sin más armas, rompe sus dientes mordiendo la coraza de su enemigo.
Ya el velo de la muerte se extiende ante sus ojos, cuando una flecha disparada desde las nubes baja silbando y traspasa a la serpiente, dejándola sin vida.
Pulo-Delhi alza la vista, para contemplar maravillado a Vishnú, con el arco tendido aún, montando sobre un cisne inmortal, de pureza sin mancha, que surca los Cielos.
 *


Hay algo en el hombre que los dioses ven con agrado sin límite
y a lo que incluso ellos no pueden resistirse:
el valor del guerrero, alzándose por encima de la victoria y la derrota.



  

martes, 7 de enero de 2020

Tradiciones: no tan buenas


Mi amiga @PKS comenta en Twitter, a propósito de un artículo en donde se sugieren alternativas menos contaminantes para disponer de nuestros restos mortales:
 Qué interesante, me recordaste el río Ganges, donde una causa de polución, son los cuerpos de los muertos y las cenizas que a menudo terminan su viaje en sus aguas. 

Esa práctica en la India es una salvajada; no hay otra manera de describirlo en el siglo 21. Pero es tradición.
Ahora bien, no quiero decir que las tradiciones sean malas, pero no son buenas simplemente por ser tradiciones. Esto es la idea más básica de la ciencia: aprendemos, encontramos y acumulamos conocimiento, y ese nuevo conocimiento nos debe obligar a repensar nuestras conductas y actitudes, y abandonar las que sean nocivas. En pleno siglo 21 no puedes decir que no te lavas las manos y que escupes en la comida de otros, porque es tradición tuya, porque sabemos que hacer eso causa problemas de salud, no importa qué tan tradicional sea.
@PKS se acordó del Ganges pero yo me acordé de una escena en una serie de TV de principios de los 90s:
La serie era Dr.Quinn, Medicine Woman, protagonizada por mi amor platónico Jane Seymour, la reina de las miniseries en los 80s. Me ultra-enamoré de ella en “Pide al Tiempo que Vuelva” (Somewhere in time, 1980)… pero eso será tema de otro post.
El caso es que en la serie, la Dra. Quinn (mi amor platónico), es una médico que vive en un pueblo fronterizo en el Viejo Oeste y por supuesto se enfrenta, además de los rigores de la vida en la frontera, a la misoginia de la época.
Con el tiempo, entabla una relación con un fulano que es open mind (y que no se la merece, hay que decirlo), adopta a tres niños que se quedan huérfanos y se hace amiga de un indio Cheyenne que tiene el ridículo nombre de Nube Danzante (Cloud Dancing). Eran los 80s.
En un capítulo, es Navidad en el pueblo de Colorado Springs y los niños piden un árbol de Navidad, que el fulano que no se merece a mi amor platónico les da. En la mejor escena, los niños están decorando el árbol con frutas y otras cosas, mientras Nube Danzante los ve con curiosidad. El diálogo entre él y los niños va más o menos así:
— ¿Por qué hacen eso?
— Por la Navidad.
— Sí, pero, ¿por qué cortan un árbol joven, vivo, y lo traen a su casa, para decorarlo con fruta que no se van a comer, y tirar todo después?
— Ehhh… es una tradición.
— Oh, eso lo explica todo.
 



VIDEO DEL DÍA
Aquí una escena de la miniserie “Posada Jamaica” (Jamaica Inn, 1985), con Jane Seymour que, cabe decir, es mi amor platónico.