…que se mete a la regadera y se pone a hacer diálogos imaginarios con
esa persona con la que tuve un altercado y que se merece que le callen la boca,
pero que desde luego la respuesta perfecta te la encuentras justo en la
regadera, tres horas después. No puedo ser el único que de repente, lavando
platos o atrapado en el tráfico o recién levantado, encuentra la solución a
todos los problemas del mundo ó el negocio ideal, se hace el firme propósito de
crear una nueva escuela de pensamiento ó de registrar inmediatamente una
empresa, y luego se olvida de todo el asunto al salir de casa, al encontrar una
calle libre por dónde transitar o al meterse a la regadera y empezar a inventar
respuestas perfectas contra enemigos.
No puedo ser el único que a veces caminando por la calle ve a un viejo
pordiosero, se mete la mano a la bolsa del pantalón para tocar algunas monedas;
luego al acercarse piensa en los artículos que ha leído acerca de las redes de
corrupción que los manejan, pasa de largo pero con el rabillo del ojo ve su
rostro macerado, da unos pasos más, siente remordimiento y se maldice, ve
alrededor y siente que todo mundo no ha hecho otra cosa que verlo mientras
camina por la calle y pasa de largo frente a un pordiosero; para finalmente
volver sobre sus pasos y darle las monedas que desde un principio quiso darle.
Y tras todo esto se pone a meditar en qué diablos pasa, y en por qué las cosas
que hacemos sin querer se alejan de lo que llamamos “verdad”, o “deber” o
“ideal”. Y en quince minutos se vuelve a olvidar de todo esto mientras come
fideos y maldice cuando se mancha la camisa, y no sabe lo afortunado que es.
Dicen que un día, el rey preguntó a Buda cuál era la Verdad. Buda hizo
traer un elefante y seis ciegos, que recibieron la instrucción de tocar el elefante
y describirlo. El que tocó las orejas lo describió como un ave enorme; el que
tocó la trompa, describió al elefante como una gruesa serpiente; el que tocó
las patas, como las columnas de un templo; el que tocó los colmillos, dijo que
era como un par de sables hechos para un gigante; el que tocó la barriga,
estaba convencido de que era como una ballena; y el que tocó la cola, persistía
en describirlo como una soga que tenía vida propia. Buda se volvió al rey y
dijo, “Tanto tú como yo podemos ver que nada de eso es un elefante. Esa es la
Verdad.”
La verdad, como la vida, es dúctil. En cualquier rincón y en cualquier
experiencia encontramos lo humano que somos y además encontramos que todos lo
somos, hasta en las cosas más íntimas que creemos que sólo nosotros hacemos.
Seguro no soy el único que hago esos diálogos imaginarios, esas respuestas
devastadoras a gente que me cae mal; probablemente esa persona también está
haciendo un diálogo imaginario en mi contra al estar abriendo el champú. ¿No es
eso fascinante y estrafalario? Nada es despreciable para aprender. Aprender no
es una actividad sino un estilo de vida.
VIDEO DEL DÍA
La Historia Interminable es una obra
maestra de fantasía infantil/juvenil de Michael Ende. Cuando se llevó a la
pantalla en los 80s, sólo se tomó la primera parte del libro, pero hicieron un
trabajo bastante decente. Esta escena es la mejor de todas. Si nunca ha visto
la película, lea el libro primero, y luego lea Momo, del mismo autor. No hay
spoilers en este video, es simplemente una escena magnífica entre el héroe
Atreyu y una tortuga que sin duda tiene uno de nombres mejor traducidos: Vetusta
Morla (Morla, the Ancient One):
No, no eres el único.
ResponderEliminarLa historia sin fin la leí en primaria, 400 y pico de hojas según me acuerdo.
La película la disfruté, en ese tiempo los efectos especiales medio acartonados pero eso no lo sabíamos.
Saludos desde Puebla.
Si. Yo creo todos tenemos algo de locura o de no se que. A lo mejor son los misterios de la extraña forma de ser, del humano.
ResponderEliminarRecordé la pelicula Never Ending Story y retrocedi a mi infancia.
Gracias.
No, no eres el único. Yo le comparto mis ideas a mi esposo y como arte de magia las destroza diciéndome el contra de ponerlas en marcha... Es un juego divertido.
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