lunes, 6 de octubre de 2014

Cómo poner a alguien en verguenza



 

Entre 1997 y 1999 fui muy desconsiderado y revoltoso. Esto es, más desconsiderado y revoltoso de lo que normalmente soy. El caso es que estaba estudiando Tradiciones Comparadas y viviendo en Monterrey, que es tierra fértil para gurús y saltimbanquis de todo tipo, así que tomé como mis pruebas de campo los cursos y seminarios que son como la cosecha de mujeres porque nunca se acaban: astrología, ángeles, numerología, tarot, cuarzos… a todos me inscribía. Con el único y solo objeto de crear caos en ellos.

O sea que era como un agente secreto en el ambiente metafísico.

Sí, suena más bien odioso, pero mis intenciones no eran totalmente nefastas: la sátira y la burla tienen un sentido didáctico importante, y no es fácil aprender a usarlas. Se deben de practicar en vivo primero para luego poder usarlos por escrito, cosa mucho más compleja porque quien lee no tiene la ventaja de escuchar las inflexiones de voz, que aminoran los golpes. La burla debe ser brutal pero no debe estar por completo desprovista de empatía; la sátira no funciona como enseñanza si quien la hace se aísla y se presenta como un superior y sapiente, eso sólo funciona si lo que se quiere es únicamente “predicarle al coro”, o sea hablar con quienes ya están convencidos y piensan igual. Para que la burla funcione como mecanismo de descubrimiento, el mismo hablante tiene que incluirse -por lo menos de forma parcial- en la ignorancia, compartiendo un poco la vergüenza y la humillación de estar pensando tonterías. Porque la humillación es una cosa horrible, y como las penas que con pan son menos, la vergüenza compartida es media vergüenza.

Dicho esto, no siempre me resultaban las cosas como hubiera querido en ese aspecto. Lo que sí fue siempre exitoso fue el caos, pero no siempre el, digamos, “arropamiento” de aquél a quien yo atacaba. Voy a poner por ejemplo lo que pasó en un curso de numerología.

El instructor era, como todos los demás instructores, una persona bien intencionada, convencida de su teoría que obviamente había aprendido de alguien más (porque rara vez te topas con el embaucador original) y entusiasta del tema. Desafortunadamente el tema no eran más que patrañas, aunque ya antes he dicho que la Magia sí existe, pero tiene que estar circunscrita a un grupo particular que comparta ciertas convenciones de símbolos, que a su vez son usados como placebos.

Total que el primer día del curso, lleno por completo, estaba toda la gente muy emocionada y con libretas y lápices listos para tomar notas. Durante la introducción, nos explicaron que los números - esas entidades supremamente abstractas - son representaciones de conceptos trascendentes, y que si los aprendemos a usar la vida será mejor, podremos entendernos a nosotros mismos, y controlar el destino o cosas similares. Así que íbamos a ver los principios universales de los números, que fueron descubiertos y transmitidos por los Grandes Maestros desde los caldeos y pasando por Pitágoras.

En esa primera clase íbamos a calcular el primero de nuestros “números cabalísticos”, y yo levanté la mano.

- ¿Sí?
- Pero entonces este es un sistema judío, ¿no?
- No, es universal como acabo de decir.
- Pero vamos a ver números cabalísticos.
- Sí.
- Y bueno, la Cábala es una tradición mística judía.
- Eh… bueno pero no estamos hablando de esa cábala.
- ¿Hay otra?
- Bueno, por “cabalístico” quiero decir “fundamental”, no me refiero a la Cábala.
- Oh. OK. O sea son números cabalísticos pero no de la Cábala.

Alguien del público dijo por ahí, “¡A ver, vamos a que el profesor explique!”  Así que me callé y seguimos con el seminario. 

Lo primero que teníamos que hacer para calcular nuestro primer número cabalístico era tomar nuestra fecha de nacimiento, convertirla toda en números, e ir sumando todos los dígitos, hasta quedarnos con uno solo, por ejemplo:

Mayo 10, 1980 = 5+1+0+1+9+8+0 = 24  =  2+4  = 6

Cuando estaba todo mundo ocupado con eso, volví a levantar la mano, para irritación del instructor y de muchos en el público.

- Pero bueno, entonces este es un método cristiano, o por lo menos occidental, ¿no?
- ¡No! Es UNIVERSAL, como ya he repetido.
- Pero bueno, estamos usando el calendario gregoriano, basado en el nacimiento de Cristo.
- Eso no tiene nada que ver, se usa en todo el mundo.
- Se usa por conveniencia, pero el calendario tradicional judío va en el año 5757, y el tradicional hindú va en el 5099. Y la Hégira musulmana va en el 1418. ¿Si ellos quieren usar esta numerología qué año usan?
- Pues pueden usar sus propios años.
- Ah, pues entonces no es universal.
- Sí es.
- ¿Pitágoras usaba este método?
- Sí.
- Pero seguramente no decía “a ver, yo nací en el 570 antes de Cristo...”
- No, bueno ellos contaban diferente.
- Entonces NO es universal.
- ¡Que sí es!

Para entonces ya otros miembros del público estaban diciéndome que me callara de una buena vez y calculara mi número, pero para mí lo importante era que uno ó dos también decían, “A ver, eso es cierto, ¿por qué...?”, pero la primera clase se acabó en medio de la discusión.

Para la segunda clase íbamos a ver nuestro segundo número cabalístico, que era a partir de nuestro nombre. El instructor puso una tabla en la pared que se veía más o menos así:



Y de manera similar a la anterior, había que asignar números a nuestros nombres, irlos sumando y obtener un dígito al final. Pero yo levanté la mano de nuevo:

- ¿Ya vas a preguntar de nuevo que si es universal?
- Pues es que ese alfabeto no tiene la Ñ.
- Es el mismo número que para la N.
- Pero son dos letras diferentes, ¿por qué tienen el mismo número?
- Porque se escriben y se pronuncian muy parecido.
- La B y la P se parecen en el sonido y son 2 y 7. La P y la R se escriben parecido pero son 7 y 9.
- Mira, antes de que me digas más y que saques también la LL, este sistema está hecho así ya considerando todas esas cosas. Como te dije, es universal.
- ¿O sea que en español la Ñ es 5, pero sin problema en italiano el mismo sonido se considera 7+5, que es la GN?
- Sí, porque lo importante es lo que está escrito.
- Pero, ¿cómo le hace un ruso que se llama Виктор, un griego que se llama Αριστοτέλης, un indio que se llama राजेश, un chino que se llama 李嘉诚, un tailandés que se llama นายกรัฐมนตรีไท, un japonés que se llama 三池崇史?  ¿Y qué tal la gente que usa los alfabetos urdu, vietnamita, mongol, gujarati y docenas más que no usan letras occidentales? O ya no digamos un namibio que se llame ¡Xobile.  ¿A todos ellos hay que convencerlos de poner sus nombres en nuestro alfabeto para que funcione la numerología universal?

Esta fue la última gota, y el curso se hizo un pandemonio, entre gente enojadísima que me decía que para qué me había metido si no quería aprender, yo diciéndoles que sí quería y que por eso eran mis dudas, el instructor rabiando y probablemente deseándome alguna maldición numérica, y algunas personas diciendo, “este curso es una vacilada”.

Al día siguiente, recibí la llamada que siempre recibía: “Por favor ya no venga a la siguiente clase”.


No me juzgue demasiado severamente el lector; Houdini hacía lo mismo en su tiempo, desenmascarando espiritistas y de formas mucho más drásticas. Ahora bien, no puedo negar que me divertía durante aquellos entrenamientos argumentativos, porque soy de lo peor. Pero viendo esa pequeña ‘cruzada’ a la distancia, el impacto fue nulo: 17 años después, en Monterrey hay una “Expo Esotérica” gigante que se realiza cada año. Siempre estamos en busca de significado, y siempre hay alguien dispuesto a venderlo a un módico precio.



VIDEO DEL DÍA


Este es un magnífico documental acerca de M. C. Escher (1898-1972), el genial ilustrador suizo, creador de paisajes imposibles:





3 comentarios:

  1. SUPER!!! muy orientalizado uste mi querido Alfonso!!! DELICADO Y PUNITIVO Y PUNZANTE! DELIRANTE Y DELEITANTE! SALUDOS DESDE PARIS!!! SEÑOR ESCRIVIVIENTE!

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  2. Qué mal que te hayas portado así pero bueno...

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